Mi nombre es Sebastián Isael Pla Martorell, aunque todos me conocen por Isael, y este es mi pequeño blog. Escribo sobre lo que me apetece, pero sobre todo, escribo para Dios.

miércoles, 3 de junio de 2015

Milagro de la Virgen en Vinaròs

      Tienen por costumbre en El Gardendal leer los días del mes de Mayo, el mes mariano, algunas historias y episodios relacionados con nuestra Madre; historias y episodios dulces y preciosos, como le corresponde a Ella, todo dulzura. Mi buen amigo Jesús, gardendalista ejemplar y apasionado devoto de Nuestra Madre, me pasó la siguiente historia que ocurrió en mi ciudad, Vinaròs, y que no me resisto a compartir. La cuenta un sacerdote carmelita repitiendo lo que le relató el conocido Cardenal Vicente Enrique y Tarancón, por entonces jovencísimo párroco y arcipreste de mi marítima ciudad durante varios años. Seguro que os va a gustar tanto como a mí. 

             Cuenta el Cardenal Tarancón: "Era el mes de junio de 1938 en Vinaroz. Un oficio recibido de las autoridades militares solicitaba nuestra cooperación para prestar auxilios espirituales a diez condenados a muerte.
            A las once de la noche entraron en capilla los reos, y desde aquel momento los tres sacerdotes que éramos entonces en Vinaroz entrábamos en comunicación con ellos, ofreciéndoles la vida eterna, ya que no podían salvar su vida temporal.
            Cuando ya se habían confesado casi todos, se me acerca el coadjutor y me dice al oído: "Señor cura, no he podido conseguir nada con aquel hombre, ¿por qué no lo prueba Vd.?".
            Fui allá, me recibió muy atentamente, y comprendí enseguida que era un hombre culto y que tenía, además, una formación cristiana poco corriente. Aquellos detalles me animaron.
            Pero mi desilusión fue terrible cuando, después de haber hablado con él por espacio de más de media hora, me dijo estas palabras textuales: "Mire, Padre, yo le agradezco muy sinceramente lo que Vd. está haciendo por mí. Comprendo que Vd. está pasando una mala noche por mi causa, ya que Vd. no ha de sacar ningún provecho de que yo me confiese, pero le suplico que no insista; desde ahora le puedo asegurar que no he de confesarme. Yo fui educado cristianamente, pero he perdido la fe".
            Quedé aturdido. Pero inspirado, sin duda, por la Santísima Virgen, me atreví a proponerle: "¿Me haría Vd. un favor?" "El que Vd. quiera - me contestó -, con tal que no me pida que me confiese". "¿Me permitiría - añadí - que le impusiese el Santo Escapulario?". "No tengo inconveniente - me dijo; a mí no me dicen nada esas cosas, pero si con ello le he de complacer, puede hacerlo".
            Le impuse acto seguido el Santo Escapulario del Carmen y me retiré enseguida a orar por él a la Virgen Santísima. El fue a sentarse a un rincón. Aún no habían pasado cinco minutos, cuando oí como una especie de rugido y unos sollozos fuertes y entrecortados, que me alarmaron. Entré de nuevo en la habitación y vi a aquel hombre que se me echaba encima llorando inconsolablemente Y que me decía, en medio de sus lágrimas: "Quiero confesarme, quiero confesarme. No merezco esta gracia de Dios. La Virgen me ha salvado".
            Ante la admiración y asombro de todos los presentes, se confesó, sin dejar de derramar lágrimas ni un solo momento, con una contrición realmente extraordinaria y enternecedora. Y cuando, a última hora, antes de llevarlos al lugar de ejecución, me despedí de ellos, me abrazó y me besó, mientras me decía: "Gracias, Padre; gracias por el bien inmenso que me ha hecho. En el cielo rogaré por Vd. Gracias y hasta el cielo".
            Confieso sinceramente que me conmovió aquella escena y que mis lágrimas se unieron a las suyas, mientras daba gracias al Señor por aquella maravilla y agrade­cía a la Stma. Virgen el que hubiese permitido ser testigo de aquella manifestación espléndida de su amor maternal y misericordioso".
R.P. Juan Fernández Martín, Carmelita

Qué buena es la Mami, camino rápido, velocísimo, hacia Jesús...

2 comentarios:

  1. Muchas gracias por tan bello y real relato y por tus elogios.

    Devoto de Ntra. Madre, por supuesto. Gardendalista ejemplar, me falta mucho trecho por recorrer.

    Espero que sigas escribiendo para beneficio de propios y ajenos y AMGD.

    Fuerte abrazo.

    Tu amigo:

    Jesús.

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  2. ¡Gracias a ti, Jesús!
    Yo no creo que haya tanto trecho que recorrer, pero si lo hay, ya sabes que María es caminito directo :)
    ¡Un fuerte abrazo!

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